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Alcazaba de Málaga, qué estás mirando en cada tramo

La entrada cuesta 7,00 euros, o 10,00 la conjunta con Gibralfaro, y es gratis los domingos desde las 14:00, sobre unos 14.200 metros cuadrados. Se levantó entre 1057 y 1063 por Badis, rey de la taifa de Granada, y las columnas romanas de la Puerta salieron del teatro del siglo I.

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En la Puerta de las Columnas, tres fustes de mármol romano sostienen un arco de herradura árabe. Nadie los talló para estar ahí. La Alcazaba de Málaga es una fortificación palaciega del siglo XI levantada sobre restos fenicio-púnicos y construida en parte con materiales del teatro romano que tiene a sus pies. Casi todo lo que sorprende de la visita se explica por esa costumbre de reaprovechar lo que ya estaba.

¿Qué es la Alcazaba de Málaga? Una ciudadela fortificada de época islámica levantada entre 1057 y 1063 por Badis, rey de la taifa de Granada, sobre restos anteriores. Combina función militar y palaciega en unos 14.200 metros cuadrados, y está unida al castillo de Gibralfaro por un corredor amurallado llamado La Coracha.

La entrada cuesta 7,00 €, o 10,00 € la conjunta con el castillo de Gibralfaro, y es gratis los domingos desde las 14:00. Cierra a las 17:00 de octubre a mayo y a las 19:00 el resto del año, con último pase una hora antes. El teatro romano que tiene a sus pies, del siglo I, estuvo enterrado hasta 1951.

Lo que se pisa antes de llegar a la fortaleza

El montículo sobre el que se levanta la Alcazaba llevaba ocupado más de un milenio y medio cuando llegaron sus constructores. Debajo hay una fortificación de origen fenicio-púnico, y a sus pies, el teatro romano del siglo I que permaneció enterrado hasta 1951.

Esa acumulación no es un dato de contexto, es material de construcción. Los alarifes del siglo XI cogieron del teatro romano lo que necesitaban: fustes de mármol, capiteles corintios, sillares. Por eso, al recorrer los patios superiores, aparecen columnas clásicas sosteniendo arcos islámicos que se labraron ochocientos años después. La práctica tiene nombre técnico, spolia, y era habitual en toda la arquitectura medieval mediterránea.

Conviene mirarlo con atención en dos puntos concretos. En la Puerta de las Columnas, donde el reaprovechamiento es descarado y da nombre al acceso. Y en los pórticos del palacio, donde los capiteles no coinciden entre sí porque proceden de sitios distintos: dos columnas hermanas en un mismo arco son la excepción, no la norma.

La Alcazaba no se levantó sobre solar vacío ni con material nuevo, y por eso un mismo tramo de muralla puede tener piedra romana en la base y tapial islámico encima.

Badis y la fortaleza que todavía se recorre

Hay constancia de una fortificación musulmana en este punto desde el año 755, cuando las fuentes mencionan la construcción de una mezquita en su interior. Pero lo que hoy se visita es posterior: entre 1057 y 1063, Badis, rey de la taifa bereber de Granada, levanta la fortaleza que ha llegado hasta nosotros.

Badis no se limitó a amurallar un cerro. Dotó el recinto de los avances militares de su tiempo y añadió algo que revela cuánto le preocupaba perderlo: una vía de escape directa hacia el puerto. Construyó las fortificaciones de ingreso, la parte baja del conjunto, con dos puertas en recodo, la de la Bóveda y la del Cristo. Reforzó la Torre del Homenaje y abrió en ella un paso hacia la zona palaciega, un segundo acceso alejado de la ciudad por el que huir si el primero caía. Los nazaríes acabaron sellando esa puerta con tapial.

La fortaleza ocupa unos 14.200 metros cuadrados, de los cuales alrededor de 7.000 están edificados, repartidos casi a partes iguales entre zona militar y zona civil. Su planta es completamente irregular porque se adapta a la topografía del monte, y ahí está la diferencia visible con un castillo cristiano, que tiende a la simetría porque se levanta sobre un plano.

Los nazaríes llegaron después y trabajaron sobre lo construido: suyos son los patios y los jardines. La parte que más gusta al visitante es la última en llegar.

Por qué las puertas giran y la muralla es doble

Dos decisiones de diseño explican por qué esta fortaleza no cayó por asalto en cuatro siglos, y las dos se pueden comprobar caminando.

Funcionamiento de una puerta en recodo frente a una puerta rectaLa entrada recta permite cargar con un ariete y ver la salida desde fuera; el recodo obliga a girar dos veces, frena cualquier carga y deja al atacante bajo el muro durante todo el trayecto.Puerta recta1 solo tramo, se ve la salidapermite el arietePuerta en recodo2 giros de 90 gradosexpuesto desde arribaEsquema del principio defensivo, no planta de una puerta concreta
El recodo no encarece el muro ni exige más guarnición: es geometría barata que multiplica el coste del asalto, y por eso se repite en toda la arquitectura militar andalusí.

La primera es la puerta en recodo: ninguna entrada es recta y todas obligan a girar 90 grados una o dos veces, lo que anula el ariete y la carga de caballería y deja al atacante bajo el muro todo el trayecto.

La segunda es la doble muralla. Quien superaba la primera línea entraba en un pasillo estrecho entre dos muros, dominado desde ambos lados.

ElementoQué hacíaDónde se ve
Puerta en recodoImpedía el ariete y la carga a caballoPuertas de la Bóveda y del Cristo
Doble murallaConvertía la brecha en un pasillo batidoTramo entre los dos primeros recintos
Tres recintosObligaba a repetir el asalto tres vecesTodo el ascenso desde Alcazabilla
Torre del HomenajeGuardaba un paso de huida hacia el palacioRecinto superior, hoy sellado
La CorachaUnía la fortaleza con Gibralfaro sin exponerseLadera este, hacia el monte

La historia del recinto que corona el monte la cuento aparte en el castillo de Gibralfaro, porque su vida posterior a 1487 fue muy distinta.

El conjunto se organiza en tres recintos amurallados concéntricos, de modo que tomar el primero no daba acceso al segundo, y tomar el segundo tampoco al tercero, donde vivía el gobernador. Cada anillo obligaba a repetir el asalto entero. Cuando en 1487 los Reyes Católicos sitiaron Málaga, el asedio comenzó el 5 de mayo y la ciudad no cayó hasta el 19 de agosto. No la tomaron por las puertas: la rindió el hambre.

El barrio que vivió dentro de la Alcazaba

Perdida su función militar en el siglo XVIII, la fortaleza fue ocupada por vecinos que levantaron sus casas aprovechando los muros. En 1821 el recinto estaba lleno de viviendas.

Fue un barrio con todas sus consecuencias: calles identificadas en el parcelario municipal, según describe el propio conjunto monumental, casas hechas con sillares arrancados de las murallas, habitaciones dentro de las salas del palacio, pisos sobre las torres y una capilla abierta en una de ellas. Sin agua corriente, sin luz y sin alcantarillado.

En 1892 se presentó un proyecto para derribar muros y torreones y construir viviendas nuevas. El 14 de agosto de 1929 se desplomó una torre sobre una casa de la calle Ilaza, y los arquitectos municipales retomaron el plan de edificar en la parcela.

Ahí está la paradoja: aquellas casas destrozaron las murallas y a la vez sepultaron los restos del palacio musulmán, protegiéndolos más de un siglo. El barrio que arruinó la Alcazaba conservó su parte más valiosa.

El decreto de 1931 y los años que la rescataron

Las capas históricas de la Alcazaba de Málaga, de la fortaleza al monumentoEntre la construcción de Badis y la recuperación del siglo XX median casi novecientos años, de los cuales los dos últimos siglos fueron los que más daño causaron al conjunto.1057Badis1487asedio y conquista1821llena de casas1931decreto que la salva1947fin del rescateLa franja clara marca el siglo en que la fortaleza dejó de ser fortaleza
Nueve siglos de fortaleza y uno de barrio, y el monumento que se visita hoy debe su forma tanto a Badis como a los catorce años de obras del siglo XX.

El 3 de junio de 1931 un decreto declaró la Alcazaba Monumento Histórico Artístico perteneciente al Tesoro Nacional, dentro de una disposición que protegió numerosos monumentos en toda España. Ese papel detuvo la demolición.

Ahí entra Juan Temboury Álvarez, malagueño nacido en 1899, nombrado ese año académico de San Telmo, que se interesa por las ruinas junto al arquitecto Antonio Palacios. No era arqueólogo ni arquitecto y fue quien empujó el rescate; veinte años después intentó lo mismo con la obra de Picasso y la perdió, según cuento en el Museo Picasso. En 1932 un hallazgo fortuito tras unas lluvias da el impulso definitivo y las obras arrancan por el patio de armas.

Fueron catorce años de trabajo hasta 1947, con Ricardo de Orueta, el arquitecto Leopoldo Torres Balbás y otros especialistas en arquitectura hispanomusulmana. Los vecinos fueron expropiados hasta bien entrada la década de los cuarenta, y el derribo de sus casas destapó los restos del palacio.

Conviene saberlo al visitar: una parte de lo que se fotografía hoy es reconstrucción del siglo XX, hecha tomando como modelo los palacios nazaríes de Granada. No es un defecto ni un engaño, pero cambia lo que uno cree estar viendo. Un busto de Temboury recibe al visitante en la entrada del monumento.

El ascensor de Guillén Sotelo y el orden de la visita

Qué dice la ficha municipal de la Alcazaba y la del castillo de Gibralfaro sobre accesibilidad, y en qué se contradicen, está en Málaga en silla de ruedas.

Los dos accesos a la Alcazaba y el sentido del recorrido desde cada unoEntrar por Alcazabilla recorre la fortaleza en el orden en que fue pensada, mientras que el ascensor deja directamente en los palacios y deja las defensas para el final.Calle Alcazabillaacceso principal, abajoGuillén Soteloascensor, arribadefensas primero, palacios al finalsentido inverso3 recintos concéntricos entre una entrada y otra
El ascensor resuelve un problema físico real y crea uno narrativo: quien empieza por arriba ve la recompensa antes que el obstáculo.

La Alcazaba tiene dos entradas y no son equivalentes. La principal está en calle Alcazabilla, junto al teatro romano, y recorre el conjunto de abajo arriba. La segunda es un ascensor en calle Guillén Sotelo, que salva de una vez los 3 recintos y deja en el superior.

Ese ascensor es la única forma de alcanzar la parte alta sin escaleras, y invierte el sentido de la visita: las puertas en recodo, el pasillo entre murallas y los 3 recintos encadenados son un argumento acumulativo, y quien entra por arriba los recorre al revés.

La entrada individual cuesta 7,00 € en taquilla y la conjunta con Gibralfaro, 10,00 €, con el desglose y las gratuidades en la entrada conjunta de Alcazaba y Gibralfaro.

El suelo es empedrado y en rampa casi todo el recorrido y el recinto es al aire libre, así que con lluvia resbala y no sirve de refugio, según detallo en qué hacer en Málaga si llueve. Subir a mediodía en agosto es el otro error clásico, por lo que explico en la mejor época para visitar Málaga.

Preguntas frecuentes sobre la Alcazaba de Málaga

¿Cuánto se tarda en ver la Alcazaba de Málaga?

Entre 45 y 75 minutos a ritmo normal, subiendo desde calle Alcazabilla hasta los palacios y bajando por el mismo recorrido. Quien se detenga en cada torre y mirador puede pasar de las dos horas, y añadir el castillo de Gibralfaro suma media jornada.

¿Por dónde se entra a la Alcazaba de Málaga?

Hay dos accesos. El principal está en calle Alcazabilla, junto al teatro romano, y recorre la fortaleza de abajo arriba. El segundo es un ascensor en calle Guillén Sotelo, detrás del Ayuntamiento, que deja arriba y obliga a hacer el recorrido al revés.

¿Qué significa la palabra alcazaba?

Viene del árabe al-qasbah y designa una ciudadela fortificada dentro de una ciudad amurallada. No era solo un cuartel: albergaba la residencia del gobernador, la guarnición y la administración, y servía de refugio a la población en caso de asedio.

¿Quién construyó la Alcazaba de Málaga?

La fortaleza que hoy se recorre la levantó entre 1057 y 1063 Badis, rey de la taifa bereber de Granada, sobre una fortificación anterior. Los nazaríes la reformaron después y le dieron el aspecto palaciego de los patios y jardines superiores.

¿Es accesible la Alcazaba de Málaga con silla de ruedas?

Parcialmente. El ascensor de calle Guillén Sotelo permite alcanzar el recinto superior sin escaleras, y hay itinerarios alternativos a los tramos escalonados. El empedrado y las rampas del recinto inferior siguen siendo exigentes, sobre todo con suelo mojado.

Qué mirar si solo tienes una hora

4 cosas concretas justifican la visita aunque se vaya con prisa. Los capiteles desparejados de los pórticos, que delatan el origen romano del material. Cualquiera de las puertas en recodo, recorrida despacio para notar los giros.

El pasillo entre las dos murallas, mirando hacia arriba para entender la trampa. Y el mirador sobre el puerto, que es la misma vista por la que se levantó la fortaleza aquí y no cien metros más allá, uno de los que comparo en miradores de Málaga.

El precio actualizado de la entrada, las franjas gratuitas y el orden en que encajar la Alcazaba con el resto de monumentos están en la guía de qué ver en Málaga, y su peso dentro del presupuesto del viaje, en cuánto cuesta un viaje a Málaga.

El otro vestigio andalusí del centro, mucho menos visitado, son las mezquitas funerarias de calle Agua, que solo abren los sábados y en grupos de catorce.

Dormir en el casco antiguo deja la entrada a cinco minutos de la puerta del hotel, y las alternativas por barrio están en dónde alojarse en Málaga.

Nueve siglos construyendo y uno derribando: la Alcazaba se entiende mejor sabiendo que estuvo a punto de no existir.

Reinel González
Reinel González · Redactor

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